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Daniel Muriel

Resulta que El resplandor no era El resplandor. Me explico. Hace unos años, por motivos profesionales, estaba de visita por Leeds (Reino Unido). Puesto que las actividades que me habían traído a ese pedazo del noroeste de Inglaterra no comenzaban hasta el día siguiente, disponía de toda una tarde para explorar la ciudad. Leeds no es una gran ciudad, en realidad, ninguna ciudad del Reino Unido lo es salvo Londres. Así que es fácil recorrerse el centro de las ciudades sin mucho problema en unas pocas horas, por lo que también pensé hacer tiempo entrando en alguna que otra tienda con la intención de llevarme a casa algún hombre rn distance free running running nike zapatillas zapatillas 2 souvenir. De este modo, me topé con una tienda en la que vendían carteles inspirados por películas de cine. Es importante resaltar que no había únicamente reproducciones de carteles reales, sino que se trataba más bien de creaciones artísticas que se basaban en films. Después de un rato de curiosear entre la multitud de carteles, me encontré uno que me llamó especialmente la atención. En el cartel hacía referencia a El resplandor de Stanley Kubrick (1980), y en él se podía ver una máquina de escribir de la que manaba una frase que se repetía de forma indefinida: “All work and no play makes Jack a dull boy” [Todo trabajo y nada de juego hace de Jack un chico aburrido].

Quienes conocen la obra de Kubrick enseguida reconocerán que es uno de los momentos álgidos de El resplandor, en el que Wendy Torrance descubre, horrorizada, que todo el tiempo que su marido —Jack Torrance, ése chico aburrido— había pretendido estar trabajando en su obra, simplemente había estado escribiendo una y otra vez esa frase. Una macabra letanía que daba cuenta de la pérdida de cordura de su pareja, con quien ella y su hijo, Daniel Torrance, estaban encerrados y aislados en un hotel, el Overlookrunning hombre zapatillas distance 2 nike rn zapatillas running free , cada vez más hostil hacia ellos. Fue verlo, el cartel, y reconocer inmediatamente la referencia. Es parte de las imágenes icónicas del film, una que trasciende la pantalla y da forma a nuestros imaginarios colectivos. Y, por supuesto, lo compré. Lo compré no sólo porque me gustaba su arte y por el momento icónico que representaba, sino porque, además, también relataba parte de mi propia experiencia personal de aquel momento. No, no estaba perdiendo la cabeza, o experimentaba pulsiones homicidas. Nada tan extremo. Pero sí me encontraba en una situación homóloga, en la que tenía que escribir, finalizar una obra que sentía que me estaba privando de todo mi tiempo libre: se trataba de los últimos compases de mi tesis doctoral y, en parte, yo también era esedull boy. Así que no sólo estamos ante un elemento icónico de una obra artística, sino que nos encontramos con un elemento que representa, como toda creación cultural, una experiencia vital.

Y entonces, años después, muy recientemente, leí El resplandor de Stephen King (1977).

nike running 2 zapatillas free zapatillas rn hombre running distance Ahí es donde me percaté de queEl resplandor de Kubrick no era El resplandor de King. Esto es algo obvio y normal. Una adaptación al cine de una novela no es la novela. Son productos culturales y lenguajes diferentes. Muchas veces adaptaciones “literales” o “muy pegadas” a la obra original no siempre funcionan bien. Si Blade Runnerzapatillas zapatillas distance nike hombre running running 2 rn free deRidley Scott (1982) y ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick (1968) nos parecen obras maestras es porque entre ellas existe una notable distancia al mismo tiempo que mantienen una familiaridad reconocible en ambas. Y que El resplandor color 8cm Toscani piel visón Altura br de Arnaldo tacón Zapatos br pqw4gOvIxde King y Kubrick difieran en puntos importantes es algo que, quizás, permita a ambas obras brillar por separado al mismo tiempo que las conecta de un modo tangencial. Pero es muy llamativo que los elementos más reseñables que forman parte del imaginario colectivo sobre El resplandor, a saber, el citado “All work and no play”, las mellizas, Jack Torrance abriéndose paso a hachazos en busca de su hijo y esposa (en la obra original les persigue con un mallet, un mazo con el que se juega al roque, algo muy similar al croquet), o el torrente de sangre que emana de los ascensores en las visiones de Daniel Torrance, no estén en la obra original de King.

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El resplandor que recordaba

¿Pero cuál es el alcance de esta disonancia o divergencia entre obras? El film de Kubrick informa creaciones y experiencias como las que he relatado al principio con mi periplo por Leeds. Pero hay más. Recuerdo que hace unos años, encargado de organizar un encuentro de investigación, tenía que buscar un restaurante en el barrio bilbaíno de Deusto. En la búsqueda me encontré con un sitio singular (por desgracia, ya cerrado): La Casa Vasca. Recuerdo maravillarme con su decoración, distribución del espacio, su estética, su carta, su personal. Pero era una sensación ambigua, había algo que inquietaba, que me producía desasosiego. Cuando intenté explicar a mis compañeros cómo era aquel restaurante no encontraba las palabras adecuadas. Y entonces me vino a la cabeza: “Es como en la película de El resplandor”. A partir de entonces nos referíamos al restaurante como “el del resplandor”. Todo el mundo, sin entrar en mayor detalle, parecía saber qué quería decir con ello. Y cuando lo vieron, la mayoría no sólo estaba de acuerdo con la descripción, sino que incluso alguno fue más allá: “Es más resplandor que El resplandor”. Es difícil describirlo, incluso aunque se vean fotografías del sitio. Prueben con esto: un cruce entre el hotel Overlook tal y como lo pensó Kubrick con el imaginario tradicional de lo vasco. Ahora intenten quitarse la imagen de la cabeza.

Otra experiencia personal. En el año 2002 pasé tres semanas haciendo un curso de inglés en Londres. El lugar era una especie de pequeña universidad de estudios de negocios que durante el verano sacaba, además, rendimiento ofertando cursos de inglés a extranjeros. Nada nuevo bajo el sol. El sitio lo regentaba un gibraltareño que, sospechosamente, se parecía al camarero del Overlooknike free running distance running zapatillas 2 hombre zapatillas rn , el inquietantemente servil Lloyd. Lo interesante era el edificio. Un antiguo hospicio para madres solteras que tenía más de cien años. No hace falta decir que si bien había habido alguna reforma, muchos partes del edificio aún guardaban su estructura original y, en general, se encontraba en un estado de lenta decadencia. Durante mi estancia allí me hospedaba en una de las pocas habitaciones individuales que había. ¿Os digo el número? Igual no me creéis. La habitación 217. Ya lo sé, en el film de Kubrick  la habitación es la 237, pero en el libro, otra pequeña disonancia, es la 217. Y el dato es relevante, ya que en ese momento no asocié ese número al universoEl resplandor. Y sin embargo, lo que ocurrió allí una noche, sí.

Uno de los antiguos alumnos de la universidad, y no me preguntéis por qué, merodeaba continuamente las estancias comunes del edificio. Lo hacía acompañado de una chica peruana y de un londinense de origen chino. El cuadro ya era bastante bizarro en sí, rodeado como estaba de italianos, catalanes, turcos, chinos, rusos, japoneses, franceses, gallegos, y un largo etcétera, cuando este individuo —Nick se llamaba— empezó a contarnos parte de la historia del edificio. Básicamente repitió lo que ya sabíamos, que era un hogar para mujeres solteras con escasos recursos. Imaginemos lo que suponía ser madre soltera a finales del siglo XIX o principios del XX para una mujer pobre, y cómo eran sustraídas —sin otra alternativa— del espacio público porque se las tratabas como apestadas, anomalías que eran carnaza de la caridad cristiana, en este caso, de la Iglesia de Inglaterra. Pero su relato incluía detalles más escabrosos, como que la habitación donde nos encontrábamos —una especie de sala de TV para departir con el resto de alumnos en los pocos ratos libres que teníamos entre cursos, turismo y salidas nocturnas— era donde depositaban los cadáveres de los bebés recién nacidos que morían durante el parto o en su estancia en el hospicio a la espera de ser adoptados. Y entonces hizo una pausa: “¿Hay alguien que se quede en la habitación 217?” Con apenas un hilo de voz contesté que era yo (me temía que algo nada halagüeño se avecinaba). Me miró, sonrió, y prosiguió con su relato: “En esa habitación, la tuya, se quedaba un amigo mío. Todo era normal, hasta que un día empezó a decir que en el armario de su habitación ‘vivía’ uno de los bebés que había muerto en el hospicio”. Nick aseguraba que su amigo mantenía conversaciones con el bebé del armario (¿qué tipo de conversaciones se puede tener con un bebé?). Un buen día, en el cuarto de lavado de su —mi— piso, se encontraron el cadáver de su amigo: se había ahorcado.

Sinceramente, creo que se inventó la historia. Pero esa noche, al volver a mi cuarto, quizás sugestionado por lo que Nick nos había contado, empecé a ver los pasillos y las estancias del centro con otra mirada. Sin saber exactamente cómo, no podía dejar de pensar en el film de El resplandor. ¿Aparecerían las mellizas al doblar esa esquina? ¿Hablaría con el bebé muerto como hacía Daniel Torrance con Tony, ese “amigo imaginario” que le advertía de los peligros del Overlook? ¡Pero si hasta el cocinero que nos servía la comida era como una versión joven de Dick Hallorann! Y sin embargo, todas estas experiencias, todos estos elementos que marcan el imaginario personal y colectivo de ciertas generaciones, hubiesen sido muy distintos si la representación dominante fuera la del libro, la de El resplandor original.

Puesto que acabo de citar a Hallorann, tomémosle como ejemplo. En El resplandor de King, el cocinero del Overlook, Hallorann, juega un papel fundamental en el desenlace de la historia. De hecho, es un personaje con un peso mucho mayor al que Kubrick zapatillas hombre free zapatillas running 2 rn nike running distance le da en su película. Es más, se puede decir que Kubrick desprecia al personaje, y lo convierte en un paria, en un red herring de mal gusto. Un hombre que realiza un absurdo periplo, siempre silente, para convertirse en la única víctima de Jack Torrance. Esta visión del personaje se cuela en otras representaciones de El resplandor, como en uno de los capítulos especial de Halloweenhombre zapatillas running nike 2 rn running zapatillas distance free deLos Simpson, donde Willie —el jardinero-hombre de mantenimiento escocés de la escuela de Springfield— juega la misma suerte risible que el Hallorann de Kubrick. Un personaje que en la obra de King es fundamental, se convierte en un gag de Los Simpson que, para más inri, extienden a las otras mini-historias del especial. Pero en la parodia de Los Simpson están además todos esos otros elementos icónicos que no se encuentran en el original: el río de sangre que sale del ascensor, la frase repetitiva (“Sin tele y sin cerveza Homer pierde la cabeza”), el hacha.

running running zapatillas hombre free 2 nike zapatillas distance rn El resplandorque me encontré y el verdadero horror que esconde

free hombre zapatillas 2 rn zapatillas running nike distance running Así que tras muchos años, incluso décadas (recuerdo haber visto por primera vezEl resplandor cuando tenía pocos años; es probablemente uno de los films que más veces he revisitado), me decidí a leer la obra en la que estaba basada la creación de Kubrick. Y entonces, para mí, el fenómeno El resplandor (la obra como experiencia) cambió para siempre. Paradójicamente es una relectura desde la obra original de King de la relectura que llevó a cabo Kubrick de la misma. Si bien es interesante hacer notar los elementos que añade Kubrick —con acierto, pues se convirtieron en parte de historia del cine y de nuestro imaginario colectivo— que no están en el libro original, también es de gran relevancia mencionar aquellos ingredientes fundamentales en la historia de King que no aparecen en el film.

Ya he mencionado el rol clave que Dick Hallorann juega en El resplandor de King, donde es un personaje relevante y sin el que la historia podría concluir como lo hace. Y es muy importante porque desde el principio señala los puntos problemáticos del Overlook, da nombre al don que comparte con Daniel Torrance (y, de paso, al libro), y gracias a su participación en el desenlace de la historia, Wendy y Daniel Torrance sobreviven a Jack y, sobre todo, al Overlook. Porque esa es una de las diferencias fundamentales entre el libro y el film: en el primero, el Overlook es destruido, pasto de las llamas de una gran explosión; en el segundo, el Overlook sigue en pie, intocado, añadiendo huéspedes e invitados para su eterna celebración del 4 de julio. Una diferencia que convierte a El resplandor de King en un tipo de horror, más allá de lo sobrenatural, mundano y terroríficamente cercano.

El libro pivota en gran medida en torno a la idea de que el puesto como cuidador del Overlook —un favor que consigue gracias a un acaudalado amigo—, es la última oportunidad para Jack Torrance de dedicarse profesionalmente a la escritura y, así, quizás, recuperar su puesto como docente. Esto es algo que el film obvia. Obvia su pasado alcohólico, su comportamiento visceral y temperamental que le lleva a cometer actos violentos contra su hijo (aunque esto sí es mencionado en la película, pero no en el grado de desarrollo con el que lo hace King desde todas las perspectivas) y un alumno (que le costó el despido), un pasado marcado por un padre abusivo y alcohólico que ejercía brutalmente la violencia contra él, sus hermanos y su madre, o cómo su brillo como escritor emergente se había ido apagando paulatinamente. El horror de El resplandor es el horror de quien está al límite, ése cualquiera que en cualquier momento puede perder el control. La persona normal, esa que todos somos, que puede llegar a cometer actos atroces. “Era muy majo. Gente normal. Siempre saludaba”. Es también el horror de una violencia muy masculina, la que marca cómo el hombre tiende a gestionar la frustración. Jack Torrance es, como muchos de nosotros en algún momento de nuestras vidas, una caldera a punto de explotar.

Y llegamos a otro de los elementos que Kubrick ignora, la caldera del Overlook. El papel de la caldera es crucial en la historia. Si el Overlook tiene agencia propia, la caldera es otro elemento con entidad propia. Ambos son actantes en la historia de El resplandor. Una de las tareas fundamentales de Jack, si no la más importante, es liberar la presión de la caldera al menos una o dos veces al día. Es una caldera vieja, y el proceso ha de ser realizado manualmente. En el film sólo la vemos de refilón, y es, sorprendentemente, Wendy quien se encarga de revisarla. Que en la novela el Overlook sea reducido a cenizas por la explosión de la caldera es la consecuencia más lógica. Es la presión desatada la misma que conduce a Jack intentar asesinar a su mujer e hijo. La caldera es la metáfora de la pérdida del control. No aguantar la presión, explotar. La descripción de los elementos sobrenaturales de la historia es sin duda terrorífica (cabe mencionar la zona de juegos y los setos en forma de animal que no aparecen en la película), pero la cotidianidad del terror a la pérdida del control, al impulso sin cortapisa, es algo que King transmite de forma magistral en El resplandor. De haber leído la novela de King hace unos años, quizás muchas de las experiencias que he narrado aquí serían diferentes; seguramente, otros miedos y otras circunstancias habrían aparecido (y aparecerán) en relación con El resplandor.

En el momento en el que una obra sale del espacio de seguridad de su autor, aunque sea mínimamente, ese trabajo deja de ser exclusivamente del autor (en realidad nunca lo es, incluso cuando está en proceso de creación). Por comodidad (y a veces por cuestiones legales) hablamos de las obras de King o Kubrick, pero difícilmente se puede pensar que tras millones de lecturas y visionados de sus obras, éstas van a permanecer inalteradas. Su contenido va más allá de las letras impresas o imágenes en movimiento proyectados. Se entremezclan con la realidad en la que son alumbradas. El resplandor se traduce de múltiples formas, en otros formatos culturales y artísticos, pero también en experiencias cotidianas. El resplandor, en sus múltiples versiones, media en nuestra realidad, y tras cada (re)lectura de la obra (independientemente del formato), algo se mueve, se modifica, y altera lo anterior y lo que vendrá. Al final, todos los fenómenos de nuestro imaginario colectivo no son más que un palimpsesto de experiencias vitales que se solapan una sobre otra.



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